Claves de nuestra acción educativa

El estilo educativo que nos define lo concretamos en las claves que explicitamos a continuación:

La persona del educando como valor absoluto y fin en si misma.

En nuestros centros la persona se convierte en piedra angular de toda la tarea educadora. De ahí que nuestro proceso educativo sea a la vez un proceso de personalización a través del cual se crezca en humanidad.

El alumno como protagonista de su propia educación

Concebimos el proceso de enseñanza-aprendizaje como un proceso dinámico en el que el educando es el protagonista, por lo que pretendemos suscitar en él una respuesta positiva y responsable. Al principio, esta tarea comienza siendo ayudada desde el exterior, es heterónoma; progresivamente el alumno va logrando independencia en el proceso educativo hasta adquirir mayores niveles de autonomía.

Los profesores, facilitadores de la tarea, desempeñan un papel insustituible mediante la ayuda al alumno para gobernarse a si mismo, respetando su libertad pero motivándolo desde las razones que impulsan para actuar.
En nuestra propuesta educativa la educación “en” y “para” la libertad se sustenta en los siguientes pilares:

    • capacidad de autodominio
    • preocupación por los demás
    • cumplimiento del deber.

Estos tres pilares se sustentan a su vez en el cultivo de la responsabilidad.

Se trata de motivar al alumno para que progresivamente vaya asumiendo la responsabilidad de su autoeducación y comprendiendo que en esa misión nadie lo puede suplir. Hay que orientarlo para que vaya perfilando su propio proyecto de vida y para que entienda que ningún aprendizaje se logra sin esfuerzo y, menos aún, si se trata de aprender a ser persona.

Enseñar a pensar bien

Además de los aspectos instruccionales, base de todo proyecto educativo, el nuestro busca potenciar otros aspectos relacionados con la racionalidad. Entre ellos, es prioritaria la reflexión que enseña a tomar conciencia de la trascendencia de los actos que se realizan y de sus consecuencias para si y para los demás; además es medio para descubrir y apreciar los valores y base del discernimiento de los contravalores. Es esencial que la reflexión se acompañe de una educación para el silencio que facilite al alumno no solo usar la inteligencia, sino escuchar en su interior.

Por otra parte, es necesaria la formación del juicio crítico para dar respuesta a la realidad social sin dejarse manipular por ella; a la  vez que fomenta, desde el respeto, la crítica constructiva y conducente a la acción.
Pensar bien posibilita la elección y jerarquización de una escala de valores personal.

Una educación centrada en la cultura del esfuerzo

Reconocemos el esfuerzo como elemento constitutivo del aprendizaje y como garantía de progreso personal. En nuestra sociedad es de enorme importancia que los alumnos tomen conciencia de que el esfuerzo personal genera un alto grado de satisfacción y nos hace crecer como personas.

Si el entusiasmo es motor que impulsa a la superación, a medida que sepamos crear un clima de entusiasmo en el aula y en el centro, estaremos cautivando a nuestros alumnos para que interioricen esta cultura del esfuerzo.

Una formación al servicio de los demás

Una comunidad educativa que vive en comunión eclesial hace de la convivencia la ocasión cotidiana para vivir su vocación de servicio, desde la conciencia de que la fe es la fuente más profunda de la que se nutre la entrega a los otros.

En un clima de unidad, todos nos ayudamos con el ejemplo compartiendo las alegrías y las dificultades y todo aquello que nos hace sentir miembros no solo de un mismo centro, sino de una “familia” donde somos acogidos y todos nos implicamos responsablemente.

Este clima depende de cada actuación personal y se fomenta con el diálogo, la comprensión y el perdón, buscando siempre la verdad y queriendo el bien.

Una educación que cuida de los pequeños detalles, que cultiva la alegría y el entusiasmo, que propicia la participación activa desde una cohesión en valores y normas, que acepta y respeta la autoridad prepara para insertarse socialmente con una actitud de servicio en cada acontecimiento de la vida.

En nuestro colegio vivir al servicio de los demás supera los límites del centro para abrirse a la transformación del mundo desde los valores del Evangelio no sólo mientras dura la etapa escolar, sino, sobre todo, cuando acaba, de modo que tratamos de preparar personas que entiendan su profesión y sus cualidades personales como bienes que deben poner a disposición del bien común.

También disponible en: Gallego

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